martes, 21 de julio de 2009

-DESPUES DEL CINE

Y hablando de pedos me pasó una de esas nada más y nada menos, el fin de semana del 23 de Febrero del 2007


Fuimos a ver esa cosa de película que se llama El Grito 2. Me asusté y salté demasiado para lo que es mi perfil de hombre. Pero bueno, pensé en ir a verla para eso, asustarme, y justamente eso fue lo que sentí, sí huevón, mucho susto.


En la mitad de la película lo único que quería era que terminara, y no sólo por miedo, si no que también por una hinchazón que me tenía tieso. Habíamos comprado esas promociones para parejas de nachos y bebidas, las cuales ya me tenían reventando.


No soy tan ordinario como para cagarme y soltar un pedo en el cine, ¡no señor! pero les juro que ésta vez lo pensé. También se me ocurrió pararme al baño como quizás cualquier chica o chico u otro mortal hubiese hecho, pero concluí que si me iba al baño la gente pensaría que era un miedoso de mierda y estaba asustado de la película, y eso, debido a mi personalidad tímida, me daba un poco de vergüenza. Y sí, soy miedoso, ¿pero para qué insinuárselos?


¡¡¡Simplemente no podía cagarme ahí!!! Punto. Tenía muy presente que en la mañana y después en la noche mientras me vestía para salir al cine, había expulsado dos pedítos bien ricos y bien fétidos. Sonreí recordando que hasta los celebré diciéndome "¡ jajaja mierda si estamos cagados!".


Me acomodé varias veces en mi asiento, me desabroché el cinturón y quise hacerme el huevón lo más que pude. En un momento de mucha inquietud mi novia me preguntó ¿te duele la pancita? , y le respondí: shí, un poquitito. Y yo para mis adentros pensaba ¡por la puta que si estoy hinchado!


Sentía calor y no sé si era la sala o yo el que tenía alterado el receptor de temperatura. No sé, pensaba en la posibilidad de que se cayera el techo o las paredes se juntaran para aplastar a todas las personas, y así por fin en medio del caos y los muertos, poder soltar el gas. Pero nada.


Al rato, por suerte, gracias a mi concentración budista y mis años de experiencia controlando las ganas, el pedo se fue para adentro de mi humanidad y dejó de atosigarme. Sí, como que se devuelven estos pendejos después de que cachan que no tienen por donde salir. Así que fui feliz durante varios minutos, y sólo me distraía la mona fea asesina de la película.

Así hasta que terminó. Nos paramos, bajamos las escaleras y nos fuimos caminando hasta el estacionamiento. Sacamos unos cigarrillos y a los segundos, ehm... ¡sí cabron, por la puta madre! Regresó, me atacó, aquel amenazante pedo de hace un rato, volvió para salir, y esta vez venía decidido.


Prácticamente lo tenía en la punta de la lengua (para que se hagan una idea), y yo con mi brazo en los hombros de ella íbamos pegaditos caminando y comentando lo que habíamos visto hace un rato, mientras yo ponía cara de hácete el maje.

Mantuve la calma, sépanlo. Soy un hombre bakán e inteligente (me dije en ese momento), así que mientras nos acercábamos al auto pensé en tirármelo después de que ella se subiera. Por suerte, señoras y señores, soy un caballero, hay que decirlo, así que siempre acostumbro a abrir la puerta del copiloto para que ella se suba, y también lógicamente acostumbro a cerrarla. Como se darán cuenta, eso me daba tiempo mientras ella estaba dentro del auto para que yo dejara salir al maldito pedo, y quedar en paz con mis intestinos.


¡Genial! ella se subió, cerré su puerta y comencé a caminar bordeando el vehículo por la parte de atrás. ¿Por qué no por delante? se preguntarán ustedes. Porque por delante ella me mira, y yo no quería que viera mi expresión de relajo mientras levantaba un poco el cachete derecho para darle luz verde y escape libre al pedo.

La cosa es, ¡señores y señoritas! Que me lo tiré. Fui feliz y suspiré.


Abrí mi puerta, me senté y acto seguido, cerré. Yo no sé, ahora que lo pienso parece que la maldición de la película me siguió o lisa y llanamente, soy muy pendejo. Porque luego de soltar el esfínter, el pedo me abrazó y se aferró a mí con fuerza para acompañarme hasta adentro del auto. La pobrecita de mi novia se comió todo el pedo conmigo y lo único que atiné a hacer fue abrir la puerta a la velocidad del rayo, y comenzar a moverla hacia adentro y afuera para ventilar el auto. Hedionda la mierda de pedo, ¡hedionda, la cagada! Ni yo lo soportaba.


Me bajé del auto, ella también bajó, y me reí un rato con ella. No pasó a mayores.

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